viernes, 15 de septiembre de 2017
domingo, 20 de agosto de 2017
'Soy viejo, ¡qué
felicidad!'
Pasado
mañana, 21 de agosto, cumplo 87 años. En los últimos años venía leyendo
artículos y libros sobre la vejez, lecturas que me daban material para pensar
sobre el tema abstracto de la vejez, pero no sobre la realidad de ser viejo,
entre otras cosas, porque siempre le he huido a creerme viejo, y a que me
llamen viejo o anciano. Prefería que me dijeran: persona mayor.
Pero hoy,
echándole un vistazo a un libro que me llegó ayer, obsequio de una amiga, con
el curioso título de una frase que dice: "Viejo es aquel que tuvo la
suerte de llegar a ser viejo", frase que me pareció sugerente y
encantadora, me encontré de repente, no con la vejez, allá afuera o arriba,
sino con mi yo de carne y hueso, con la suerte de ser viejo, de 87 años bien
vividos y gastados. Y me di cuenta, sin susto ni tristeza, de que soy viejo; me
encontré conmigo mismo, con mi yo viejo, mi yo actual, cargado de años, de
experiencias, de felicidad, con mi yo, el viejo que hoy soy.
Y tengo
la satisfacción de comunicar a mis lectores que este encuentro, que voy
asimilando tranquila y dulcemente, es mi primera verdad, algo así como la
primera piedra, la roca, sobre la cual vengo construyendo las estancias o
moradas más variadas y acogedoras de mi ser: antioqueño, jesuita, sacerdote,
escritor, humano, pleno de sentimientos y de afectos, de impetuosidades, de
alegrías y emociones, madurado, como la mies, al golpe de vientos y de lluvias,
de soles y tormentas, de elogios y baculazos. Y aquí estoy: en pie, por la
gracia de Dios.
Mi yo
libre y espontáneo es mi primera verdad, mi piedra sillar, sobre la cual vengo
construyendo, desde hace ya décadas, el edifico de la fe en Jesucristo, el
Hombre-Dios que me ha hecho libre y feliz. La fe es un encuentro de la nada con
el que ES, es ir más allá de mí mismo para encontrarme, aquí dentro, con el
Autor de mis días y mis sueños, mi dulce amigo, "el único que me hace
vivir tranquilo" (Salmo 4,9), el amigo que "mantiene alta mi
cabeza". (Salmo 3,4)
Ochenta y
siete años 'a bordo de mí mismo' es algo maravilloso, increíble, irrepetible,
agradable, lleno de aventuras, con todas las grandezas y miserias, éxitos y
fracasos de un drama de nunca acabar.
Pero lo
novedoso de hoy, repito, no es el encuentro con la vejez, sino con mi yo viejo,
concreto, base rocosa que he entendido siempre como la rampa de despegue para
un vuelo hacia espacios infinitos, sin nunca dejar el punto de partida, mi yo
terrenal, hoy viejo y feliz.
Soy mayor
y hoy me siento orgulloso de proclamar a los cuatro vientos: soy viejo. No me
había dado cuenta suficiente de la notable cantidad de años que han corrido
bajo el puente ruidoso de mi yo.
He de
confesar que ser viejo es todo un privilegio, es un don que se da a pocos.
Abundan
los que tienen años como para ser viejos, verdaderos viejos rematados, pero son
pocos los que se dan cuenta de ser viejos y que acojan su vejez con
agradecimiento y felicidad. Privilegio es asunto de pocos, es un bien que hay
que poseer con humildad, con la alegría de quien ha descubierto un tesoro
oculto en su propio jardín.
Constituye
todo un privilegio poder divisar, con tranquilidad, desde la cumbre de la vida,
los años vividos, y otear con alegría el futuro, ya presente en el amor. Es
privilegio contemplar el pasado y sentirse pletórico, abierto al futuro, en
estrecha y grata compañía de parientes, de amigos y amigas, de compañeros,
pero, sobre todo, en íntima amistad con el compañero inseparable: Jesús de
Nazaret.
¡Bienvenida,
vejez! Te saludo, te abrazo, te acojo como un privilegio, como el don más bello
que Dios me ha querido conceder en el ocaso de mis días, como muestra singular
de su fecunda amistad.
Por: Alfonso Llano Escobar, S. J.
19 de
agosto de 2012, 01:28 am
sábado, 2 de abril de 2016
LO QUE NOS QUEDÁ DE VIDA...disfrutémoslo, es nuestro!
Pertenezco
a la generación que tenía un solo mandato:
Debíamos ser y así lo intentamos, las mejores hijas, las mejores esposas, las mejores madres, las mejores profesionales, etc.
Y ahora que ya hice todas esas cosas lo mejor que pude, a veces me gusta estar, salir, viajar sola, a mi ritmo.
A veces necesito mucho a mi familia. Y a veces prefiero... no hacer nada...Ya demostré, acabadamente, quien soy como persona.
Debíamos ser y así lo intentamos, las mejores hijas, las mejores esposas, las mejores madres, las mejores profesionales, etc.
Y ahora que ya hice todas esas cosas lo mejor que pude, a veces me gusta estar, salir, viajar sola, a mi ritmo.
A veces necesito mucho a mi familia. Y a veces prefiero... no hacer nada...Ya demostré, acabadamente, quien soy como persona.
Lo que me queda de vida, intento que sea mío disfrutándolo con lo que me venga
en gana: viajando, comprando, tomando café con alguien, haciendo lo que me
plazca, así sea estar sin hacer nada.
Me he dado cuenta que por más que los demás nos amen mucho y seamos importantes para ellos, todos seguirán viviendo cuando no estemos. Por eso ya es tiempo de NUESTRO TIEMPO, y de dejar de rendir examen en tantos roles con que la vida nos puso a prueba.
Me he dado cuenta que por más que los demás nos amen mucho y seamos importantes para ellos, todos seguirán viviendo cuando no estemos. Por eso ya es tiempo de NUESTRO TIEMPO, y de dejar de rendir examen en tantos roles con que la vida nos puso a prueba.
No pienso
dar más examen de nada, eso incluye a mi familia también.
Nosotras ya estudiamos, criamos hijos, trabajamos, cuidamos padres, estuvimos presentes cada vez que alguien nos necesitó...
¿acaso después nos van a hacer un monumento donde diga:
"A una luchadora, un ser ejemplar y virtuoso"?..
Seguro que no. Y si de casualidad lo hicieran... ¡¡¡estaremos bajo tierra!!!. .
Somos una generación que rompió estereotipos, allanamos el camino a los que vinieron después. Por eso ya es hora de que empecemos a relajarnos y a divertirnos más!
Muchas veces me planteo, qué rápido pasó la vida, distraída como estaba, haciendo mil cosas. También me pregunto: ¿cuánto nos queda de vida, amig@s?
No lo sabemos, por suerte nadie lo sabe, sólo nuestro divino Hacedor conoce nuestro destino.
¿Algo cambiará en quienes nos quieren, cuando nos vayamos? No, la vida seguirá igual en nuestra ausencia y hasta tal vez dirán: "la vieja estaba un poco loca el último tiempo".
Pero nosotras felices igual... porque ya no escucharemos...
Mis queridas amigas, cuídense, no se repriman, aprendan a decir NO cuando quieran decir NO. Si es necesario y siempre para bien de nuestra salud mental, aprendan a mandar lejos a la gente que no sirve para nada (eso sí, con elegancia es mejor). Ya es hora de discernir a quien le hace bien mi amistad, mi cariño, mi compañía, juntémonos, cada vez que podamos, con aquellos que nos hacen reír.
Practiquemos nuestra merecida libertad, ya sea quedándonos en la cama todo un día, viendo por TV lo que se nos ocurra, leyendo poesía, biografías interesantes o simples revistas de chismes.
¡Qué placer caminar sin apuro ni rumbo fijo, y detenernos en cualquier lugar que nos llame la atención.
Por favor, visitemos más seguido a las amigas positivas, vayamos a lugares nuevos, escuchemos más música, animémonos a pintar, a hacer manualidades yoga, meditación, canto, salsa, idiomas, jardinería.....lo que más nos guste!!. Todo sirve y es válido para hacernos sentir bien.
Nosotras ya estudiamos, criamos hijos, trabajamos, cuidamos padres, estuvimos presentes cada vez que alguien nos necesitó...
¿acaso después nos van a hacer un monumento donde diga:
"A una luchadora, un ser ejemplar y virtuoso"?..
Seguro que no. Y si de casualidad lo hicieran... ¡¡¡estaremos bajo tierra!!!. .
Somos una generación que rompió estereotipos, allanamos el camino a los que vinieron después. Por eso ya es hora de que empecemos a relajarnos y a divertirnos más!
Muchas veces me planteo, qué rápido pasó la vida, distraída como estaba, haciendo mil cosas. También me pregunto: ¿cuánto nos queda de vida, amig@s?
No lo sabemos, por suerte nadie lo sabe, sólo nuestro divino Hacedor conoce nuestro destino.
¿Algo cambiará en quienes nos quieren, cuando nos vayamos? No, la vida seguirá igual en nuestra ausencia y hasta tal vez dirán: "la vieja estaba un poco loca el último tiempo".
Pero nosotras felices igual... porque ya no escucharemos...
Mis queridas amigas, cuídense, no se repriman, aprendan a decir NO cuando quieran decir NO. Si es necesario y siempre para bien de nuestra salud mental, aprendan a mandar lejos a la gente que no sirve para nada (eso sí, con elegancia es mejor). Ya es hora de discernir a quien le hace bien mi amistad, mi cariño, mi compañía, juntémonos, cada vez que podamos, con aquellos que nos hacen reír.
Practiquemos nuestra merecida libertad, ya sea quedándonos en la cama todo un día, viendo por TV lo que se nos ocurra, leyendo poesía, biografías interesantes o simples revistas de chismes.
¡Qué placer caminar sin apuro ni rumbo fijo, y detenernos en cualquier lugar que nos llame la atención.
Por favor, visitemos más seguido a las amigas positivas, vayamos a lugares nuevos, escuchemos más música, animémonos a pintar, a hacer manualidades yoga, meditación, canto, salsa, idiomas, jardinería.....lo que más nos guste!!. Todo sirve y es válido para hacernos sentir bien.
No figura su autor
martes, 15 de marzo de 2016
PABLO NERUDA - ME GUSTA CUANDO CALLAS
Este poema
era uno de los preferidos de mi mamá...
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.
Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.
Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
déjame que me calle con el silencio tuyo.
Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.
Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.
Pablo Neruda - Poema 15
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